Progresismo versus conservadurismo, y viceversa
Política
Por Luis Domenech
El progresismo, término nacido a finales del siglo XIX, es una doctrina política y social orientada, generalmente, hacia el desarrollo de un estado del bienestar, la defensa de derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza. En este sentido, el progresismo defiende, en líneas generales, más equidad económica e igualdad social, así como también lo que se consideran avances o progresos en materia sociocultural. En el progresismo, como subespectro político, tienden a confluir diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas de la socialdemocracia y del socioliberalismo. Como contraste, comúnmente se considera que estas corrientes aglutinan fuerzas opuestas al conservadurismo en lo cultural y al neoliberalismo en lo económico.
En filosofía política, se denomina conservadurismo (término introducido por Chateaubriand en 1819) en sentido amplio, al conjunto de doctrinas y movimientos políticos que favorecen el uso del poder político o la fuerza del Estado para conservar o restaurar tradiciones —creencias o costumbres— de un pueblo o nación, que pueden ser de tipo religiosas, culturales o políticas. En estos casos el término conservadurismo es entendido como un tradicionalismo en política o mantener intacto un orden político presente.
Desde la aparición de ambos términos, el mundo ha evolucionado de la misma manera que la política que lo mueve, pero hoy se sigue identificando a la política de la izquierda con el progresismo, y a la política de la derecha con el conservadurismo, como si solo se pudiera progresar por el lado izquierdo y solo se pudiera conservar lo logrado por el derecho. Los partidos de uno y otro signo se han apropiado de estos términos que no justifican ni sus estilos de política, ni sus actuaciones desde la política, y solo sirven para engatusar al ciudadano.
Se abusa del término cuando se aplica a determinadas políticas, y así vemos como tienen consideración de progresistas la defensa de la igualdad social y los derechos civiles, el Estado del Bienestar y las políticas sociales, la defensa de la empresa pública, la sostenibilidad medioambiental o las reformas laborales, como si los partidos de derecha no pudieran actuar sobre estos temas, como si solo se avanzara en estas políticas con gobiernos de la izquierda. Eso no es y no fue así a lo largo de nuestra democracia.
En el otro lado del espectro político, tienen consideración de conservadoras las políticas que defienden la unidad de España, las políticas migratorias restrictivas, la defensa del Orden Público, el conservadurismo social y familiar (Oposición al aborto, al la eutanasia, etc), la defensa de las tradiciones (como la tauromaquia), las reducciones de impuestos, la reducción de la burocracia, la reducción del gasto público o la defensa de la empresa privada, quedando todos ellos fuera del ámbito de la izquierda. Pues tampoco es ni fue así.
Sobre el Estado del Bienestar, sobre el trabajo y los salarios, sobre la igualdad social, sobre la viabilidad de la empresa privada, sobre el medio ambiente, sobre la política social, sobre la unidad de España, etc., se ha actuado desde la derecha y desde la izquierda, y se ha progresado aplicando políticas de derechas como de izquierdas, y se han conservado lo logrado también desde ambos lados del espectro político.
Creo que la compensación de los desvíos de pudiera haber por la aplicación continuada de un estilo político u otro, se soluciona con la alternancia en el poder entre uno y otro. España no ha parado de avanzar desde que es un país democrático, y lo ha hecho tanto con gobiernos de la derecha, como con los de la izquierda. Por eso me niego a relacionar al progresismo con las izquierdas y el conservadurismo con las derechas, pues se puede progresar y se puede conservar desde ambos lados de la política. Lo que define a una política de partido es su programa, no su término definitorio.

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